Hoy no es un día cualquiera, creo reconocer cierto espíritu inquieto y arriesgado, sin ápice de temor alguno. En la mañana recuerdo haberme despertado sin siquiera decirle a la carne que tenía que arrastrarse y moverse con agilidad monstruosa, una clara noción de que ya estaba cambiando de piel, eso me hacía recordar el darwinismo evolutivo, recordé a su vez mientras tomaba algo de café lo que mi padre me dijo una vez "¿es qué acaso el pensamiento define el alma?" Medite mientras daba sorbos al negro y espeso café preparado por la mano de mi querida y amada madre. Ella al otro extremo de la cocina me observaba con aire inquieto, al momento de que sus ojos me acusaban con vigilar mis movimientos con suma atención, le interrogue con cierto ademan imperativo, esparciendo al mismo tiempo una atmósfera de incomodidad.
- Yo: Madre, el cielo puede ser una nube que recubre el misterio para hombres que no quiere ver más allá de lo aparente, pero bien tu conoces mi genio y no hay nada en el mundo que yo no quiera conocer, sobretodo cuando se trata de nuestra infame humanidad, así ahora veo en ti, cierto misterio que deseo develar. Tus ojos acusan con pregunta, pero tu boca aún yace floja ¿Qué ocurre? ¿Deseas consultar algo con tu hijo?
- Madre: Hijo, tan despierto como siempre, incluso cuando duermes padeces de los pensamientos más profundos, esa siempre ha sido tu bendición y en otras circunstancias una maldición. Podrían tomar tu alma y acoplarla en historia de la clásica y trágica griega, tu naturaleza siempre es presa de lo que el mundo configura para tus aventuras y desventuras. Hoy me acusaras de bruja o adivina, pero veo que empiezas a mudar como quién viera una serpiente mudar de piel, dejando atrás la clara evidencia. Pues ya, no sigamos rodando con la misma dinámica, no deseo aburrir y aflojar tus ánimos tan tempranamente. Hijo ¿Qué ocurre hoy contigo?
- Yo: ¿Aparte de ser tu hijo primogénito? Nada acusa más que el cambio por el cambio, bien veo que me prestas atención aún cuando no es necesario y no lo digo con corto genio de diablillo molesto, si no todo lo contrario, me alegra ver que prestas siempre la misma atención para cada uno de tus hijos y con la misma magnitud de ternura, somos hijos agradecidos y yo, como el mayor de tus hijos te lo abalo y aplaudo con felicidad plena y sincera. Ahora contestando tu pregunta, madre mía, acá ocurre lo siguiente, hoy he adoptado nueva filosofía. Sí, tus oídos han escuchado bien, hoy soy hombre nuevo, no en carne, si no que en pensamiento y el pensamiento siempre transforma las otras cosas que van siempre más allá de lo figurativo.
- Madre: Ya veo, ahora me queda confirmada lo que ven mis ojos en ti. Hoy debo ser madre dichosa, tus cambios son fragante esperanza que llena de calma y alegría al corazón de nosotros tus padres. ¿Y de dónde se origina estos cambios?
- Yo: Los cambios que ves hoy en mi, son prendas preciosas que me han obsequiado mis lecturas, debo ser agradecido de ello. Los libros siempre me han alimentado bien, files compañeros incluso en las horas en que todo el mundo enmudece, consejeros pragmáticos y otros un tanto ortodoxos, pero todos aportan por igual y han moldeado mis pensamientos al punto de que hoy soy criatura nueva.
En ese momento abrazo a mi madre y le ofrezco una cálida sonrisa, le beso su mejilla y me despido con otra sonrisa, una que ilumina sus ojos que en otras circunstancias los confundiría con lagrimas. Tomo mi mochila y dejo la puerta principal detrás de mí.